jueves, 31 de julio de 2014

El diario de Ana Frank

Ana era una niña de trece años cuando comenzó a escribir su diario personal, el cual le fue entregado el día de su cumpleaños en 1942. La familia de Ana era considerada como judíos "puros", tal motivo los obligó a trasladarse a Holanda, el lugar en el que residían al principio de la historia.

Debido a la falta de amigos de Ana, le contaba sus secretos más íntimos y cada suceso de su vida a su nuevo diario, al que nombró Kitty. Cuando Ana empezó a escribir, ya se había desatado la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, aún no tenían la necesidad de mantenerse ocultos. Al principio les habían privado de muchas cosas, como viajar en tranvía o transitar en autos particulares. Tenían una hora programada en la que podían realizar sus compras y únicamente en tiendas judías. Tampoco tenían permitido practicar algún deporte o incluso entrar a lugares de entretenimiento.

Ana se acostumbraba a todas estas restricciones. Sus primeros escritos fueron sobre sus compañeros de clase, luego comenzó a escribir sobre su huida a su nuevo escondite en donde pasarían quién sabe cuanto tiempo con tal de sobrevivir. Era un edificio enorme de varios niveles y habitaciones. Se instalaron en la casa con la condición de actuar de la manera más silenciosa posible y pasar desapercibidos ante cualquier indicio de presencia alemana o alguien que los pudiera delatar.

La familia tenía una amiga que se encargaba de llevarles alimento, ropa y cualquier otro articulo que necesitaran. Con el paso del tiempo, la casa se fue habitando con más personas judías que tenían el mismo objetivo. Permanecer ocultos. Eran muchas personas ocultas y más de una persona ayudándolos a permanecer igual. Ana conoció a nuevas personas que consideraba vecinos, ya que cada familia o individuo tenía un nivel personal de la casa. Conoció a un nuevo amigo llamado Peter, quien se convirtió en alguien muy importante para ella, alguien con quien tenía una indefensa relación amorosa. Esta noticia al principio era difícil para Ana contarla, pues todos se encontraban en el mismo lugar y podría considerarse incómodo, especialmente para ella, por ser la más pequeña de la familia.

Ana escribía cualquier nuevo acontecimiento de lo que hubiera ocurrido en el día sobre la guerra. El escrito que mejor recuerdo es cuando Ana oye la radio y empiezan las noticias sobre Estados Unidos con una gran ventaja en la guerra sobre Alemania. Recuerdo la emoción de ella respecto a lo ocurrido, con la esperanza de que la guerra en cualquier momento acabaría.

Los escritos de Ana son impactantes, pues actualmente nadie cuenta lo que fue la Segunda Guerra Mundial tan detalladamente como ella. Lo que fue permanecer ocultos durante mucho tiempo con tal de sobrevivir, lo que era no ver la luz del sol diariamente, hacer el menor ruido posible y alimentarse de tan poco con tal de que alcanzara la comida para varios días. A pesar de todo esto Ana guardaba una gran esperanza de que todo acabaría, volver a salir y finalmente comenzar de nuevo, desde cero. Tener una mejor vida y cumplir cada uno de los sueños que tenía.

Ana era una niña tan inteligente con una ideología muy amplia. Le encantaba leer y escribir. Tenía grandes deseos de aprender algo nuevo, por tal razón, resolvía todos los libros de texto que le regalaban. Se entretenía de diferentes maneras, se ingeniaba algo nuevo para que su vida, pese a estar encerrada, no fuera tan monótona. En sus últimos escritos Ana aparenta estar más triste y deprimida, la esperanza aún resplandecía, pero ya no era la niña de trece años que empezó a escribirle a su amiga Kitty. Habían pasado dos años ocultos.

Al finalizar la guerra el papá de Ana, Otto Frank, regresó a la casa en donde se ocultaron, encontró el diario de su hija, el cual leyó y luego decidió transcribirlo para que con ayuda de varias personas lograra publicarlo en una editorial y así dar a conocer al mundo su experiencia durante la guerra.

El diario de Ana me encantó desde el primer escrito que leí. Era una niña tan asombrosa, me encantaba su forma de pensar y actuar. La manera en la que expresaba sus sentimientos, tan convencional. Fue el primer libro que logró hacerme sentir varias emociones. Reí con ella. Sentí miedo con ella. Celebraba con ella. Y lloré con ella.

Muchas personas lo consideran aburrido. Sin embargo, yo pienso que deberíamos saber más sobre las personas que estuvieron sufriendo en esta guerra desde una perspectiva más íntima. ¡Completamente recomendado!




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